IVANN

A los 5 años, Iván Darío Arias, más conocido en el medio artístico como Ivann, descubrió que la música era su pasión. Por eso, sus padres lo postularon para una beca en el conservatorio de Antioquia. Era 1982 y él iniciaba su romance con el piano, el instrumento que lo ha llevado por todo el país dando conciertos y presentando su espectáculo con bailarines y luces.

Con el nombre artístico de Ivann, su estilo musical es una mezcla entre los sonidos de la clásica y las nuevas tendencias, con claras influencias sinfónicas del griego Yanni y la electrónicas del japonés Kitaro. "Todas las canciones que escribo son pedazos de mi vida, inspirados en los temperamentos de las personas que conozco. Estoy tratando de hacer un piano comercial que le llegue a todo el público porque existe la fama de que el gusto por este instrumento se reduce a una clase social específica o que depende del ingreso socioeconómico. Pero no, esto es para el pueblo".

Increíblemente, cuando terminó el conservatorio y el colegio, Ivann estudió ingeniería civil por sugerencia de su familia. Pero su cabeza vivía en función de la música. Por años escribió canciones que guardó y perfeccionó para lo que serían sus primeras grabaciones.

Negando su destino, al terminar la universidad entró a trabajar en un banco, en el departamento de créditos para construcción. "Obviamente, me sentía inconforme, así que toda la plata que ganaba la invertía en la música". Durante ese tiempo, escribió un musical llamado Utopía, que tenía 26 personas en el escenario, incluyendo 12 bailarines, voces líricas y músicos clásicos que interpretaban violines y violonchelos.

"Fue un fiasco. Como no sabía nada de mercadeo ni de publicidad me metí en algo desmedido, pero que fue la razón de mi existencia por esos días. Me ayudaba a permanecer en una oficina durante 12 horas y no deprimirme", recuerda.

El salto definitivo de la oficina a la música se lo ayudó a dar un programa de televisión que tampoco fue exitoso: Ama la academia, una versión 'criolla' hecha por María Cecilia Botero de la famosa serie estadounidense de los ochenta Fama. Sin embargo, el impulso le sirvió para abandonar la ingeniería y dedicarse al que sería su álbum debut: Contemplación del mar. "Me fui un mes para Bahía Solano y allí confirmé lo que quería hacer en la vida", comenta.

Casi un año después lanzaría su segundo trabajo discográfico, titulado Fragmentos. Para promocionarlo decidió retomar el show en vivo con coreografía y músicos, en el que el piano es el centro del espectáculo. "El negocio hoy en día para los artistas no es vender discos, la cosa va por el lado de las presentaciones, los conciertos".

"En lo musical me he ido renovando. Toco el piano de manera clásica pero con la influencia de las últimas tecnologías, por ejemplo, de los sonidos del Buddha Bar, de París, que son un electrónico muy melódico".

Finalmente, Ivann explica la razón de su nombre artístico. "Inicialmente me llamé Ivanno, pero la gente empezó a bromear: 'Ivanno, el que come banano' (risas). Así que le quité la O y le dejé la doble N. Eso, porque es una letra muy musical y la usan los cantantes de ópera para calentar la voz", concluye.
Una vida para la música

Iván Darío, Ivann, es el único músico de la familia. Siendo el tercero de cuatro hermanos, decidió estudiar ingeniería civil por amor a su padre que siempre soñó con un hijo graduado en esa disciplina. "Él tiene un temperamento demasiado fuerte y vivía preocupado por mi futuro. Además, no sobra tener cualquier conocimiento de más".

De su carrera le quedó la facilidad para relacionar la matemática con la música, "en los cuartos, los medios tiempos y las negras, entre otras cosas". Y agrega: "En la universidad me fue bien, pero no me apasionaba, lo único que me gustaba era lo de los movimientos sísmicos, pero más por temor que por otra cosa".

Con 31 años y soltero, Ivann dedica hasta sus ratos libres a la música. "Soy sensible al entorno, al desamor, la naturaleza, los niños, las noticias. Todo me afecta".

Hoy, después de que ha demostrado que vivir de la música es posible, sus padres siguen preocupados por su bienestar. "Ellos piensan que se me va a acabar el rato rápido. Pero yo no creo, yo no soy un músico de moda".